A veces me cuestionaba por qué la vida trae sinsabores.Tan bonito que es lo dulce, lo suave... y de pronto todo cambia en un segundo. Hace tiempo lo cuestionaba mucho... y luego comprendí con el pasar de los años, que hacer esas preguntas no es algo sabio.
Luego, surgió la claridad... no es lo correcto preguntarse "¿por qué?"... sino "¿para qué?".
¿Para qué me pasa esto? ¿Con qué propósito? ¿Qué hay que arreglar en mi vida? ¿Cómo le puedo ayudar después a otro que pase el mismo trance difícil?
Es increíble poder entender a las personas en sus tristezas... cualquiera puede decir ¡ánimo! pero definitivamente sólo quien ha perdido un ser querido, quien ha sobrevivido una enfermedad letal, quien ha perdido la esperanza y la reencontrado, tendrá la palabra precisa, ésa que verdaderamente puede reanimar.
Volvámonos animadores, entendiendo que todo lo que nos pasa, desde un principio, hasta el fin de esa circunstancia, es siempre con un propósito más alto.

